jueves, 19 de noviembre de 2015

LLUVIA TARDÍA




Nos abordan las pretéritas caravanas de la memoria
con su aroma de aguacero.
Renuncian a su bagaje de nostalgia
en los andenes de una estación inexplorada.


Llega la lluvia tardía con el sabor inocente de la infancia,
fragancia de lavanda y pulgaradas de gardenias
y un visillo lánguido cubre la cerrazón del cielo.


Las brozas de los bosques escinden la acuarela
con la anchura de un adiós o un para siempre
que busca sus raíces en la luz en el horizonte.


Llega de lejos el olor de la tierra mojada,
nos arropa en la crujía de la ensoñación
y en la antesala oculta para becarios de náufragos
condenados a ser perpetuos títeres de agua.


Pesan las lágrimas como miríadas de asteroides
en estas horas suscritas con extracto de hierbas
como las joyas sin brillo de la desolación,
usurpados del cofre íntimo del alma estéril.


Propaga el aire las trovas de la huida
bajo los cobertizos de los suburbios, anegados de lluvia
y una difusa voz, ciega de alcohol y de abandono,
estampa el silencio en el vapor de los espejos.


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©MAR – noviembre2015